Pasando frío: Esquel y Sarmiento

Una vez que terminamos de subir las cosas a la moto fuimos a dar unas vueltas por Bariloche y dirigirnos hacia Cerro Catedral. Una vez arriba, paseamos por donde en invierno debe estar reventando de gente subiendo a las montañas a esquiar. Para nosotros había una cuasi pueblo fantasma pero no dejaba de ser todo muy lindo. La mayoría de las tiendas obviamente cerradas pero hallamos un resto-bar abierto donde tomamos una deliciosa cerveza artesanal. Tuvimos la intención de subir por el teleférico hasta la cima pero considerando que no había nada que hacer, optamos por irnos. Es para regresar en invierno, de todas maneras. Las memorias de tiempos pasados en Sugar Bowl, un centro de esquí donde trabajé dos temporadas, inundaron mi cabeza. El aire frío, las cabañas de madera, la sensación de entrar a un lugar con calefacción cuando afuera hacía un frío terrible. Todas gratas memorias que me encantaría volver a vivir.

La próxima vez subo con mi tabla. Falta nieve pero igual trae las memorias

Cerro Catedral

El camino que tomamos para salir de Bariloche no era la ruta principal y para llegar a ella tuvimos que meternos a un camino de ripio en mal estado. Volvimos a tener un pequeño percance al tratar de detenernos sobre la gravilla pero levantamos la moto al toque y seguimos. Al llegar a un desvío por poco tomamos la ruta equivocada pero un auto que pasó nos indicó el camino correcto y poco después estábamos acelerando hacia El Bolsón por la Ruta 40 entre frondosos bosques, lagos azules y una cordillera nevada que nunca desaparecía.

Ya pues Fer, ¿otra vez? Se nos acaba la zona de lagos.

En El Bolsón llenamos los tanques y estómagos. Decidimos evitar los sandwiches de las estaciones de servicio y entramos a un restaurant para comer algo que satisfaga el hambre por completo. Tal vez no haya sido la mejor idea ya que cuando salimos, nos dio el típico sueño post-almuerzo pesado. El sueño nos duró poco debido al frío que empezamos a sentir. El cielo se había nublado ligeramente y el viento volvió a intensificarse. Cada vez faltaba menos para llegar a Esquel y esa proximidad era la que me mantenía andando. Ya falta poco. Ya falta menos. Ya no falta nada. Por primera vez estaba empezando a sentir frío en mis pies y ni hablar lo que sentía en mis manos. Era como apoyar tus dedos sobre una fila de cuchillos helados que poco a poco se hundían más. Trataba de abrir y cerrar mis manos para aumentar la circulación pero a estas alturas era inútil. Tampoco importaba cuánta ropa me pusiera, igual iba a pasar frío. No era una cuestión de falta de protección. Podría haber estado con 3 capas más encima y metido dentro de un auto y sin la calefacción igual me hubiera dado frío. Hacía de todo para tratar de generar un poco de calor. Movía mis hombros, abría y cerraba mis manos, flexionaba mis piernas apoyándome sobre los parantes. Cualquier cosa para tratar de entrar en calor. No ayudaba mucho pero igual era algo. Capaz que solamente la idea de entrar en calor me daba fuerzas para seguir. Físicamente ya no había casi nada que pudiera hacer. Tenía que hacerme la idea que no estaba pasando frío.

 Horizontes heladosMontañas y motos Cordillera inacabable

Llegué temblando y estornudando a Esquel. Moqueando y viéndome sumamente atractivo con mis ojos y nariz roja, entré a la oficina de turismo donde nos indicaron la dirección del hostel más cercano. Para esto, la moto de Fernando se había dado por vencida. Había estado teniendo algunos problemas eléctricos: sus luces parpadeaban y sus indicadores se prendían y apagaban. Había comenzado como un simple problema que el reloj se reiniciaba cada cierto tiempo pero ahora ni siquiera tenía cómo encender el motor. Tuvimos que prenderlo estilo carcacha. Empujamos la KLR media cuadra y con el motor enganchado, encendió. Dejamos las cosas en el hostel y sin apagar su motor ni para descargar sus bolsos, salimos en busca de un mecánico. Pasamos por tres lugares, uno que no atendía motos, uno que no daba servicios y otro que estaba cerrado, antes de recurrir a un mecánico que tenía 3 motos esperando atención. Viendo la urgencia de nuestra situación, nos atendió y rápidamente descubrió el problema. Fernando ya estaba preparado mentalmente para tener que desembolsar para comprar una batería nueva pero lo único que hacía falta era reemplazar uno de los tornillos de la terminal de su batería actual. De la que te salvaste, loco. Regresamos al hostel donde me cociné una cena de arroz, fideos, huevos y carne suficiente para tres personas y tras una infusión caliente, me metí a la cama con las esperanzas que una noche de reposo acabarían con el resfriado que me estaba atormentando. Por suerte, dio resultado.

Quick fix

A la mañana siguiente ya me encontraba casi al 100%. Como negociamos nuestra habitación sin desayuno, que eran dos tostadas y un café, me preparé algo bastante generoso para desayunar. En realidad no quería dejar comida sin consumir así que me freí 4 huevos y 4 salchichas. Ni Michael Phelps toma un desayuno tan grande.

Aquí decidimos abandonar la Ruta 40 por un tema de seguridad personal. Mi moto no estaba diseñada para atravesar cientos de kilómetros de ripio y Fernando todavía no se sentía cómodo atravesando ripio mientras era azotado por fuertes vientos y posiblemente lluvias. Simplemente no era conveniente. Desde Esquel partimos con dirección a Comodoro Rivadavia para seguir bajando por la Ruta 3. Atrás dejábamos los pintorescos lagos y las imponentes cumbres nevadas y le dábamos la bienvenida a extensiones interminables de llanura patagónica.

El famoso trencito de Esquel: La Trochita. Yo le sacaba fotos y el tren me sacaba fotos a mí.

La salida no pintaba muy grata. Habían densas nubes que colgaban muy bajo enfriando todo el ambiente. Por ninguna parte se avistaban espacios libres donde pudieran caer algunos rayos de sol. Era un clima muy amenazante que encima jugaba con nosotros. Nos hacía creer que en cualquier momento caería una lluvia torrencial. Comenzaba con algunas gotas y poco a poco soltaba más agua para luego cerrar la llave repentinamente. Era estresante tener que estar preparándome mentalmente para recibir lluvias cada 20 minutos. Afortunadamente a la distancia parecía haber un fin a las nubes y la carretera se dirigía en esa dirección. El único problema era que el viento también iba en la misma dirección y con él iban las nubes. Se convirtió esencialmente en una carrera contra los elementos; tratar de ir más rápido que el viento y todo lo que acarreaba. El final de las nubes se veía tan cerca pero nos tomó un buen tiempo llegar. Cuando finalmente entramos a la zona soleada, paramos un rato para absorber rayos solares casi esperando poder lograr hacer fotosíntesis.

Escapando del climaSaliendo del clima amenazante.

Algunos kilómetros atrás, había forrado mis pies y manos con papel periódico para tratar de conservar un poco más de calor. Inicialmente funcionó de maravilla pero sentía que a estas alturas el papel se había desintegrado y se humedecía lentamente. Estaba perdiendo sus propiedades conservadoras de calor. Lo que me quitaba el pensamiento del frío era la nueva flora y fauna que nos rodeaba. Habían margaritas a lo largo de la carretera, familias enteras de guanacos que cruzaban la calzada en grupo, aves que parecían volar en sitio al no poder avanzar contra el viento, y hasta un caballo recientemente muerto aparentemente producto de una flecha clavada en su cuello. Encontramos dos ovejas que competían entre ellas. Estaban haciendo carreras desde un extremo del cercado al otro. Lo más curioso era el comportamiento de los guanacos. Mientras nos acercábamos a un grupo, había uno de todos que levantaba su cabeza para hacer guardia. Nos miraba fijamente y si veía que desacelerábamos, le indicaba a los demás que estén atentos. Cuando parábamos junto a ellos, el más grande daba la señal y todos si iban corriendo hacia el horizonte, saltando el cercado con una gracia única. De vez en cuando aparecía un guanaco extremadamente valiente que no se movía pese a que paraba relativamente cerca. Simplemente nos quedábamos mirándonos fijamente a los ojos hasta que sacaba la cámara y se iba. Los guanacos no son fanáticos de las fotos. Fernando sí llegó a encontrar al guanaco más valiente de todos al que no le molestó en absoluto la presencia de las motos. Lo vio y siguió comiendo sin darnos importancia.

Se hace lo que se puede. Braveheart

Eventualmente llegamos a una sección de la carretera en reparación y tuvimos que tomar otro desvío por ripio. Estaba un poco húmedo pero el trayecto no fue complicado. Una vez que salimos, tomamos un descanso y empezamos a hablar sobre la suerte que tuvimos de evitar que nos caiga la lluvia cuando pasamos por debajo de esas nubes cargadas que nos persiguieron por largo tiempo. Ambos jurábamos que algunas de las gotas que cayeron no eran realmente gotas sino copos de nieve que se derretían al hacer contacto con el casco. El clima decidió sacarnos de la duda y empezaron a caer más copos de nieve mientras hablábamos. Nos reímos pensando que ahora podíamos decir que hasta atravesamos zonas de nieve. Continuamos andando pensando que la nevada estaba detrás de nosotros y que la estábamos escapando. La verdad era que estábamos en el borde externo con rumbo hacia el centro de lo que intentábamos evitar. No pasaron 10km y la temperatura había bajado 7 grados y el cielo nos cubría de nieve.

Saltando de la sartén al fuegoVientos y nieve.

Un mes atrás jamás me habría imaginado cruzar zonas donde estaba nevando. Lo único que se me había ocurrido era pasar por zonas secas al lado de picos nevados. Hay cosas de las que te das cuenta solo cuando estás en medio de la situación. La nieve no es como la lluvia que simplemente va cayendo por el parabrisas. La nieve se acumula limitando seriamente tu visibilidad, sobre todo cuando no tienes una limpiaparabrisas. No quería soltar la mano izquierda del manubrio porque necesitaba toda la estabilidad que podía tener pero fue necesario para estar limpiando el visor cada 10 segundos. El único beneficio de todo esto fue el efecto iglú que causó tener una capa de hielo encima. Ya no sentía tanto frío como antes y a pesar de las condiciones, me estaba divirtiendo muchísimo. Sobreponerse a situaciones inesperadas es un premio en sí mismo. Pasamos la nevada a una velocidad prudente, manteniendo un balance entre ser precavidos por las condiciones y llegar a un pueblo o ciudad antes que caiga la noche. No podíamos ver el sol pero sabíamos que mucho tiempo no nos quedaba. Al final, cuando salimos de la tempestad, arribamos a Sarmiento y decidimos quedarnos ahí en lugar de continuar hasta Comodoro Rivadavia, que era nuestro destino original. No habían hostels y tuvimos que quedarnos en un hotel pero no le puedes poner un precio a una ducha caliente cuando realmente te hace falta.

NevadasEfecto iglú. Bien protegido del frío.Como el trineo moderno de Papa Noel

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luis tenorio

Luis es un ingeniero en eterna búsqueda de aventura. Actualmente se pasa la vida viajando por el mundo y escribiendo relatos y código fuente. Es el creador de Cartas del Mundo y Vuelta Sudamericana y el director informático de The Glutton's Digest.

One thought on “Pasando frío: Esquel y Sarmiento”

  1. VAMOS LUISSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!

    Quiero mi regalo …..

    Oye, lindsay ha cambiado de numero? La he estado llamando pero lo tiene apagado …

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