2. Lunahuaneando

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Gran fiesta en Paullo
La voz ORIGINAL: Gerald García!

Despertamos a eso de las 10am. La noche anterior fuimos a Paullo a celebrar el aniversario de la nación con el grupo Somos Kaliente (directamente desde Iquitos!). Estuvimos tomando la rica cachina toda la noche. Es una especie de vino que trepa rapidísimo. Cuidado, han sido advertidos.

Nuestro medio de transporte principal han sido las dos motos. Yo llevaba a un tercer amigo con quien nos encontramos

Descansito en la Posada de la Cruz
Esto es en realidad muy cómodo.

allá ya que mi moto es más grande y no tiene la suspensión cagada. Hoy decidimos viajar un poco más río arriba a ver qué encontrábamos. Fuimos subiendo y poco a poco veíamos cómo cambiaba nuestro entorno. Paramos un momento en un restaurante campestre llamado La Posada de la Cruz en la comunidad de Romaní. Sólo queríamos usar su baño y pensábamos que el dueño se resistiría a hacerlo sin que realizaramos un consumo pero subestimamos la amabilidad de las personas que viven fuera de la ciudad. No recuerdo quién dijo que las ciudades son un veneno para los valores humanos. La cercanía entre personas y ese calor humano parece perderse en la ciudad.

Una de las grandes lecciones aprendidas ha sido que si hay carros, motos, o mototaxis donde estés, hay un grifo cercano de todas maneras. Solo hay que estar con los ojos abiertos porque la mayoría de las veces estos grifos son casas donde te echan gasolina usando un embudo y una galonera.

Relajándonos un poco antes de salir nuevamente.
Relajándonos un poco antes de salir nuevamente.

Llegamos hasta Pacarán y después de dar una vuelta y comer un helado local en la plaza regresamos a Villa Fátima y nos fuimos a comer al mismo menú donde habíamos estado comiendo desde el día anterior. Este menú es sin duda el lugar donde más rico comí durante todo el viaje. Todos los que lean este blog y pasen por Lunahuaná tienen que pasar por este lugar. Está 100 metros pasando Villa Fátima (en el anexo San Jerónimo), al lado de la bodega “Oxapampa“. Nos sirvieron un delicioso caldo de gallina y estofado espectacular por unos módicos 5 soles. Para bajar toda la comida pedimos una jarrita de cachina para ir calentando la noche. Mientras disfrutábamos la cachina, la señora que atendía nos empezó a hacer un poco de conversación y nos mencionó que los muchachos que estaban trabajando en la casa del costado eran shipibos que hacían sesiones de ayahuasca. Nos explicó en profundidad cómo estas sesiones ayudaban a combatir tus propios demonios a través de las visiones que tenías. El maestro orientaba la sesión mediante canciones y guiaba la experiencia que tenías. Por mi parte, quedé totalmente convencido que es algo que debo probar en algún punto. Si hubiera tenido suficiente presupuesto lo habría hecho la noche siguiente pero solo me quedaba plata para el canotaje del día siguiente y algunas comidas más. Espero poder regresar este año para llevar a cabo esta experiencia.


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