Sur de Lima, Paracas y Nazca

La primera parada fue acampar cerca a Puerto Viejo. No había ido a la playa desde el año pasado y sería una gran manera de comenzar el viaje. El camino no fue nada problemático. Rápidamente armé la carpa y metí mis cosas. Aproveché el resto de la tarde para relajarme y caminar un poco. Pasé la noche alternando entre tener mucho calor y mucho frío.

Como los campamentos de antaño.Puesta de Sol

El día siguiente fue un poco más interesante. Luego de empacar mis cosas salí rumbo a Paracas, donde pasaría la segunda noche. No tenía planeado entrar a Pisco pero cuando vi la señal que indicaba el desvío decidí entrar. Fue triste pasar por ahí y ver que todavía habían muchas casas y terrenos en ruinas. Han pasado más de 2 años y medio y algunas cosas siguen igual. Paré un rato en la Plaza de Armas para tomar un helado y descansar un poco.

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Algunas personas se acercaron para preguntarme sobre la moto. Una persona en particular, el Sr. Bravo, se mostró muy interesado con los detalles de la moto y el viaje. En poco tiempo ya me estaba contando detalladamente su experiencia durante el terremoto. Estaba en su casa cuando empezó el sismo. ¡Carajo!, gritaba mientras trataba de ponerse sus zapatos, tarea que le resultaba difícil debido al movimiento de la tierra. Me explicó que primero todo se sacudió de lado a lado y luego de arriba hacia abajo. Era casi imposible caminar. Se colocó debajo de un marco de su casa y luego salió. Su casa estaba destruida. Vio a sus vecinos muertos en la vereda y caminaba con sumo cuidado para no pisar ningún cuerpo. Realmente trágico. En su afán de seguir contando historias, no se cómo llegamos a la historia de su encuentro con un terrorista en su época de militar. Dicho terruco aparentemente sabía cada detalle de su vida y se lo narraba desde el comienzo. Desde sus abuelos hasta sus hijos. Aquí se volvió un poco confuso y ya no sabía de qué estábamos hablando. Me despedí y le agradecí por darme el tiempo para contarme aquellos momentos de su vida. Seguí hacia la reserva de Paracas.

Sobre un muelle destruido en Pisco.

Entré a la reserva de Paracas y fui a ver lo que quedaba de la formación en La Catedral. Ya no estaba el famoso arco pero no dejaba de perder el encanto. Después de pasar por el mirador, fui en busca de un lugar para acampar. En la entrada mencionaron que Lagunilla sería mi mejor opción. Para llegar hasta ahí tenía que atravesar caminos de arena y piedras. El transcurso fue muy agitado y hasta se me cayó una botella de agua un par de veces. Para reducir las vibraciones de las piedras en el camino, pasé al camino de arena. Estaba lo suficientemente compacta como para no deslizarme en ella pero detrás de una de las dunas estaba muy suelta. Traté de mantener el curso con el manubrio y los pies en el piso pero fue inútil. La moto y yo nos fuimos al piso. Desde la arena vi cómo nuevamente (igual que en Ticlio el año anterior) el combustible salía por la tapa del tanque. Corrí para levantar la moto y en el proceso un poco de gasolina se chorreó sobre mis pantalones. El daño fue mayormente arena sobre todo pero la peor parte fue que nuevamente (igual que en Ticlio el año anterior) se rompió el freno delantero. La manija se había retorcido pero no se había desprendido totalmente. Todavía podía usarlo. Con un poco de Moldimix en las grietas estaría como nueva. Llegué a la playa, comí algo y armé mi carpa dentro de uno de los restaurantes que se destruyó en el terremoto. Poco a poco la gente se iba yendo y eventualmente me quedé completamente solo en Lagunilla. Éramos las aves y yo. Me apresuré para preparar el pegamento y ponerle cantidades industriales para dejar que se seque durante la noche. Esta vez tendría que aguantar.

Poco después de la caídaCamino a La CatedralAves y botes al atardecer

Esa noche tuve que sujetar la carpa con piedras para evitar que salga volando. El viento era terrible y entraba tierra a la carpa por la parte de arriba. Amarré algunas otras extremidades del toldo de lluvia y eso ayudó a mantener afuera la tierra. Me comí un sanguchito que había estado guardando y me fui a dormir temprano, exhausto por las actividades del día… Aparentemente me metí al saco demasiado temprano porque me desperté a las 4:30am justo cuando los pescadores iniciaban sus labores. Escuché sus lanchas salir del muelle y lanzar sus redes al mar. Salí de la carpa y lo primero que vi fue una noche llena de estrellas. Como ya no podía dormir, empecé a empacar mis cosas a la luz de la luna y las estrellas. El viento había dejado de soplar y fue un gran alivio no tener que luchar en contra de eso.

Camping site Solo faltan las estrellasAmanecer sobre Lagunilla

Inmediatamente después de cargar todo a la moto probé los resultados de mi soldadura con pegamento. Imaginen mi decepción al apretar el freno y que éste quede completamente en la palma de mi mano. Se terminó de romper por completo. Esto era realmente malo. Día 2 y ya había destrozado mi freno. No tenía repuesto para esta situación. Caballero, tendría que buscar un repuesto en Ica. Casi boto la manija quebrada pero decidí ponerla en mi bolsillo por si las moscas. El viaje a Ica fue placentero. No me hizo mucha falta el freno salvo en una ocasión cuando paré para tomar agua y tuve que frenar estilo Picapiedras. Apenas entré a Ica empecé a preguntar dónde había una casa de repuestos para motos. Pasé por 3 tiendas pero ninguna tenía una manija compatible. Felizmente había guardado la manija rota. Empecé a preguntar por un soldador (y no cualquier soldador, tenía que ser un soldador de aluminio) y me dijeron que el único que conocían estaba en una zona llamada Los Patos. Pasé por la Plaza de Armas y le pregunté a un patrullero direcciones para llegar a Los Patos. ¿Vas a ir a Los Patos con esa moto y todas esas cosas? No compadre, de ahí no vas a salir. Los efectivos me explicaron que era una zona un tanto peligrosa y que lo más probable era que salga calato de ahí. Yo conozco otra parte donde te pueden soldar eso pero no conviene que vayas con la moto. Mejor déjala acá y mi compañero te escolta hasta el lugar para que estés seguro. No sentí peligro en dejar la moto en la plaza aunque tal vez no haya sido la jugada más inteligente.

La zona a la que fuimos en busca del soldador no parecía muy peligrosa. El oficial Lizarzaburo y yo les preguntamos a unas cuantas personas por el famoso soldador y nos indicaron que preguntemos por Víbora. Mientras nos alejamos escuchamos a alguien decir, ¿y ese gringuito qué hace por acá? Felizmente tenía un escolta. Unas cuantas casas más abajo finalmente encontramos a Víbora, el soldador. Le dijimos que le teníamos un trabajito. Le echó un ojo a la pieza en cuestión y puso manos a la obra. Hubo unos cuantos problemas al comienzo ya que la soldadura no agarraba bien porque alguien había cubierto la pieza con moldimix (hmmm) pero al final hizo un excelente trabajo. Camino de vuelta a la plaza me enteré un poco de las operaciones que se llevan a cabo dentro de la ciudad de Ica. Cosas que no revelaré por la naturaleza de los hechos pero que me hacen sentir que la Policía realmente lucha por nosotros. Hoy me quedé admirado por la ayuda que me brindaron. Coloqué mi freno en su lugar y después de expresar mi gratitud seguí rumbo a Nazca.

Muy agradecido, Oficial Lizarzaburo

El terreno cambió drásticamente al salir de Ica. Pasó de un valle lleno de viñedos a un desierto en su máxima expresión. El calor aumentaba pero el viento y la ventilación de la casaca me mantenían fresco (siempre y cuando no me detuviera). Poco antes de llegar Palpa me pasaron dos motociclistas con carga de viaje. Más motoaventureros. Me hicieron el “thumbs up” y pasaron adelante. Traté de alcanzarlos pero ellos iban sobre unas Kawasaki de 650 y mi negra no puede competir con eso. Afortunadamente los encontré más adelante en Palpa tomando una gaseosa. Paré y hablé con ellos un rato. Eran dos gringos que habían bajado desde Texas. Su próxima parada era Cusco pero lo más probable es que hayan tenido que parar en algún punto antes de eso. Perdí el papelito donde me dieron sus datos pero si en caso llegan a leer esto, les deseo la mejor de las suertes. Cruzando aun más desierto supe que me acercaba a mi destino cuando me encontré en medio de las pampas de las Líneas de Nazca. Me dieron ganas de llamar a alguien y llevar a cabo esta conversación:

Hola, ¿en qué andas?

Nada, viendo las Líneas de Nazca nomás. ¿Tú?

Trabajando.

Ah.

Desiertooooo!! Justo detrás de mí está la figura del Árbol

…pero por alguna razón no podía hacer llamadas a celulares así que me quede con las ganas. Mi premio de consuelo es que esta noche voy a dormir en una cama de verdad. Me dejaron meter la moto en el patio del hostal y me atendieron muy bien. A pesar que me tuve que duchar con agua caliente con un calor de 33 grados recomiendo el Walk On Inn. La gente me trató muy bien, los cuartos son agradables y como está a unas cuadras de la plaza, está lejos de la bulla.

¡A dormir!

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luis tenorio

Luis es un ingeniero en eterna búsqueda de aventura. Actualmente se pasa la vida viajando por el mundo y escribiendo relatos y código fuente. Es el creador de Cartas del Mundo y Vuelta Sudamericana y el director informático de The Glutton's Digest.

3 thoughts on “Sur de Lima, Paracas y Nazca”

  1. Compa!

    Que bueno que la policía te ayudó … A mi esos HP lo que han hecho es quitarme plata toda la vida! Inclusive, recuerdo una vez saliendo del aeropuerto, se me rompio una llanta y se hacercó un policía a pedirme $$$ para que me de seguridad … que HP!

    Pilas co nlas caidas chucha …

    Menos mal no fui yo a quien llamaste! jajaja

    Besos,

    adl

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