Rugidos del glaciar: El Calafate y El Chaltén

Nuestro primer día en El Calafate, luego de confirmar que las motos anduvieran bien, fue ir a visitar el Glaciar Perito Moreno, una experiencia imperdible estando en esta región. El día estaba maravilla. Habían pocas nubes y una viento ligero. Habíamos dejado la mayor parte de nuestra ropa en la lavandería. Esa lavadita fue sumamente necesaria ya que estaba seguro que los ruidos que escuchaba en las noches era el lamento de mis calcetines. Como se sentía fresco, nos pusimos algo ligero debajo de la ropa de moto y salimos hacia el glaciar. A mitad de camino nos dimos cuenta que habíamos subestimado las diferencias climáticas que pueden existir dentro de una misma región. El viento estaba empujando el frío hacia adentro pero ya estábamos cerca así que decidimos continuar.

Llegamos al Parque, pagamos la entrada pero en los últimos 17kms de los 71kms que teníamos que recorrer el cielo se empezó a caer sobre nosotros. Era una tormenta de nieve terrible. Más densa que la que habíamos pasado cerca de Sarmiento y más complicada también porque esta vez la nieve caía con lluvia creando un peligro de que la calzada se congele. Las motos y el hielo no se llevan bien. Yo iba unos minutos detrás de ellos tratando de alcanzarlos pero tras dar la vuelta a una de las cerradas curvas los vi regresando. No se podía ver nada.

Volviendo a salir de la tormenta.

Con mucha precaución volvimos a la entrada a exigir un reembolso ya que ni siqiuera habíamos llegado al mirador. El guardaparque no se veía muy contento con esto pero finalmente nos entregó la plata. Otros autos se acercaron a la entrada para ir a ver el glaciar. Le dije al guardaparque que debería decirle a la gente acerca de las condiciones más adelante pero me mandó una mirada que gritaba, “No se te ocurra meterte en lo que no te incumbe”. Tampoco habíamos previsto correctamente la distancia del glaciar de la ciudad y al regreso Charlie y yo casi nos quedamos sin gasolina. Mi moto entró casi ahogada a la estación de servicio.

¡La Curva del Renegado!

Durante el viajecito fallido había notado que La Inmortal estaba haciendo unos ruidos raros cuando frenaba con el motor y cuando bajaba el cambio. Además, la cadena que acababa de cambiar estaba colgando muy baja nuevamente. Pensé que podría ser el sprocket nuevamente pero éste se encontraba firmemente sujeto. Antes de buscar un taller, pasé por el mercado para comprar ingredientes para mi cena. Regresando al hostel y tratando de estacionar la moto con las bolsas de compra encima, la manija del freno delantero se enganchó con la esquina de una pared y ese leve golpe fue la gota que derramó el vaso. La manija del freno quedó en el suelo. Ahora tenía que buscar no solo un taller de motos sino un soldador de aluminio para que me vuelva a hacer el trabajo. Primero lo primero, el freno era una necesidad elemental. El motor podía seguir haciendo ruidos pero mientras siga encendiendo y andando, no sería una prioridad.

Di varias vueltas por la ciudad y todos me dijeron que busque a Pablo Titarelli, el tornero. El flaco vivía algo lejos del centro. Su taller estaba en las afueras de la ciudad donde ya no habían caminos asfaltados. Encima sin freno tuve que ir a meterme a los caminos de trocha de las lejanías de El Calafate. Felizmente vio la pieza y no mostró preocupación en lo que tenía que hacer. Tuve que dejar la pieza y volver al día siguiente ya que estaba con mucho trabajo atrasado. Cuando regresé, en efecto, el trabajo realizado fue muy profesional. La pieza se veía mucho más sólida que antes.

El tema de los ruidos del motor me tenía más preocupado. Pensé que podría ser por el accidente del día anterior y pero los chicos del taller donde terminé solucionaron todo muy rápido. Todo se debía a la cadena que andaba muy suelta. Era el estiramiento natural de una cadena nueva pero me recomendaron que la siguiente que comprase fuera una con O-Rings para no tener que volver a preocuparme del tema. Le quitaron un eslabón (a la parte de la cadena que era de bicicleta) y ajustaron. Todo solucionado. Yo ya estaba dispuesto a dejar la moto ahí e ir al Perito Moreno como pasajero de Fernando o Charlie. Además me enseñaron a calibrar la palanca de cambios. Estaba chocando con la tapa del motor y por eso cuando bajaba los cambios, no enganchaba bien y por ende, hacía ruidos extraños cuando finalmente lograba enganchar. Cuando salí del taller para probar el trabajo hecho, la nieve que estaba cayendo sobre el glaciar había llegado a la ciudad. Nevaba sobre El Calafate.

Mil gracias por el apoyo, chicos!

La mañana siguiente nos presentó un cielo algo nublado y carreteras mojadas pero no podíamos preocuparnos por ello. Aunque siguiera nevando sobre el Perito Moreno, iríamos a verlo. No podíamos seguir esperando que saliera el sol y tampoco vinimos hasta acá para asustarnos del clima. Las condiciones sí habían mejorado con respecto al día anterior. Solo había un poco de llovizna pero esta vez contábamos con toda la ropa necesaria. La carretera estaba muy mojada y las hojas que caían de los árboles hacían el camino más resbaladizo así que lo tomamos con más calma. Cuando finalmente llegamos, la vista fue más asombrosa de lo que había esperado.

Impactante Glaciar Perito Moreno

El glaciar era fenomenal. Un vasto campo de hielo bajando de los cerros y terminando en una pared desafiante a las aguas que lo azotaban sin cesar. Lo más fascinante no era la superficie dentada o la gama de intensos azules que formaban el cuerpo del glaciar. No eran los pedazos cayéndose que quedaban flotando a su base. Lo más fascinante no era lo que se podía ver sino lo que se podía escuchar. Un rugido profundo. Un crujido similar al de miles de ramas secas rompiéndose al mismo tiempo. Ese era el verdadero espectáculo que estaba esperando presenciar. Si bien no se desprendió ningún pedazo grande, los sonidos del glaciar bastaron para hacer de esto un experiencia inolvidable.

 

El vasto campo de hielo La pared desafiante Los trozos caídos La superficie dentada Los intensos azules Gracias a Charlie por esta foto!

De vuelta en el hostel, Fernando y Charlie se apresuraron a empacar sus cosas para aprovechar las buenas condiciones y llegar rápidamente a El Chaltén. Según mi cálculo, llegarían a las 6:30pm y eso era algo que yo podía hacer pero decidí evitar la apresurada. Nada bueno resulta de estar apurado. Me quedé una noche más para relajarme en El Calafate y conocer un poco a los nuevos integrantes del hostel.

Saliendo de El Calafate alcancé otro hito en el viaje: los 20.000 kilómetros. Llevaba 10.000 kilómetros recorridos en el viaje. Lo que me había tomado un año hacer anteriormente ahora lo había logrado en menos de un mes y medio. Me sentía bien.

Veinte. Mil. Kilómetros.

El camino hacia El Chaltén no era largo. En una hora y media llegué al desvío para entrar al pueblo y justo ahí me crucé con Fernando que iba persiguiendo a Charlie. Los dos en rumbo hacia Perito Moreno (la ciudad, no el glaciar) por la Ruta 40. Le dije que pasaría una noche en El Chaltén y de ahí pasaría a la costa para evitar maltratarme más por el conocido ripio de la Ruta 40. Capaz nos volveríamos a cruzar más adelante pero por ahora yo había regresado a la soledad. Me daba un poco de pena dejar atrás a tan buen equipo pero veía un futuro prometedor viajando solo. Con los magníficos picos del Cerro Fitz Roy como punto de referencia, seguí hacia adelante hacia mi destino.

El Fitz Roy elevándose entre montañas y nubes majestuosamente.

El Chaltén es un pueblito enano que encontré mayormente desolado por la temporada baja. Fue un día de pura tranquilidad tomando sopa caliente mientras por la ventana del hostel veía cerros nevados resplandecientes en el sol. Fue una estadía fugaz. Salí de El Chaltén el 8 de mayo a las 2pm, abrumado por la infinidad de posibilidades que volvía a tener al viajar solo.

El Chaltén: Capital Nacional del Trekking

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luis tenorio

Luis es un ingeniero en eterna búsqueda de aventura. Actualmente se pasa la vida viajando por el mundo y escribiendo relatos y código fuente. Es el creador de Cartas del Mundo y Vuelta Sudamericana y el director informático de The Glutton's Digest.

6 thoughts on “Rugidos del glaciar: El Calafate y El Chaltén”

  1. Excelente hijo… sigue adelante… estoy con una compañera que te admira y te manda muchos besos..
    Marco

  2. You assured me that the glacier wasn’t getting smaller, but when I was there in 2005, not only was it 5 times taller and wider, but there were also woolly mammoths roaming betwixt its crevasses. Jealous?

  3. Hijo, quiero felicitarte por ser precavido en los momentos dificles,se que Dios esta contigo, si aun estas alli tienes que agradecer al que esta alla arriba .Cuanta maravilla estas viendo y viviendo y ahora tienes la oportunidad de compartirlo con muchas personas que te siguen a traves de tu web.
    Un gran abrazo,que Dios te bendiga !!!
    Mam

  4. Oye Luchoooo no me habia enterado de esto…desde ahora sere tu fiel seguidora jeje…Que pena q no lo supe antes. Mi primo tiene una casa hospedaje en el chalten!
    Bueno te mando muchos saludos y espero que te siga yendo increible en tus viajes! Algun dia emprenderemos la ruta conciertera jaja!
    Saludos y los mejores deseos!
    Mica

  5. Querido Luis

    Quisiera poder estar en tu lugar sintiendo esa libertad de poder gozar de la naturaleza en su maxima extension como tu , que bueno que tu puedas gozarlo , nosotros lo vivimos atravez tuyo , me da alegria saber q estes bien y disfrutando de todas esas aventuras . Que dios te proteja y que llegues con bien a tu morada .Despues de este viaje podrias dedicarte a ser escritor esta interesante tu experiencia.
    atte Tu tio Rolando que te Quiere

  6. Gracias por la fotito y los comentariosss, muy buena la pag, la encontramos de casualidad…
    Abrazo
    Los chicos del taller de El Calafate…
    PD: me imagino que habras cambiado la cadena….

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