Veinticuatro horas: Puerto Madryn

¿Qué es exactamente lo que lleva a una persona a seguir adelante? ¿Acaso es la inercia? ¿Es un estado de zen en el que el tiempo transcurre de manera diferente? ¿Cómo es que muchas veces somos capaz de decir “basta”, mientras que otras veces soportamos lo que el destino nos arroja sin siquiera pestañear? Mil trescientos setenta y cinco kilómetros me separaban de mi eventual destino pero cuando encendí el motor esa tarde ni siquiera se me había ocurrido contemplar la idea de un viaje sin escalas. Esta es la historia de una hazaña en moto que duró 24 horas consecutivas.

Dejando atrás el magnífico Fitz Roy

Salí de El Chaltén a las 2pm totalmente sereno viendo al Fitz Roy encogiéndose en mi espejo retrovisor. Dos horas de carretera después, se acabó el asfalto y tuve que tomar la decisión final de irme hacia la Ruta 3 o subir por la Ruta 40. La Ruta 40 me daba vistas hermosas pero 350km de ripio mientras que el atajo hacia a la Ruta 3 eran solamente 200km. Cargué combustible y me fui hacia la Ruta 3. Fueron 10km de gravilla suelta que eventualmente se compactó bien y terminó siendo un viaje placentero. Eran 200km de una carretera prácticamente abandonada. Ni siquiera había cercado para mantener fuera a los animales salvajes. Con las justas habían algunas señalizaciones. Estaba completamente solo rodeado de cerros, vegetación y caballos salvajes. Era interesante ver como cuando iba acercándome, todos los caballos y yeguas rodeaban a los potrillos del grupo. El macho más grande siempre mirándome fijamente. Era uno con la naturaleza y me encantaba.

 Sin parpadear La fuga

La etapa de luna de miel no duró mucho. Estaba a mitad de camino hacia la Ruta 3 y el sol ya se empezaba a ocultar. No tenía sentido tratar de ganarle al atardecer. Paré el motor y me senté a ver los últimos rayos de sol esconderse detrás del horizonte. Ni siquiera tuve miedo de lo que sabía que iba a venir. Me encontraba en un estado de paz y aceptaba el hecho que iba a pasar frío y que tendría que ir más lento por lo peligroso que era el camino. Apenas desapareció el último rayo de sol, la temperatura bajó como si hubiera estado esperando todo el día para hacerlo. Fue prácticamente inmediato. La luz del crepúsculo me acompañaría durante una hora más antes que todo se volviera completamente negro.

A las 8:30pm había arribado a Comandante Luis Piedra Buena: el empalme con la Ruta 3. Solo faltaban 120km para llegar a Puerto San Julián donde pensaba pasar la noche. En el camino me empecé a preguntar, ¿por qué tengo que parar en San Julián? No estoy cansado. Podría ir hasta Tres Cerros y acampar detrás de la estación de servicio. Llegué a las 10pm a San Julián y reconsideré mi propuesta por un instante pero seguí adelante. Todo kilómetro que avanzaba ahora era uno menos que tendría que avanzar al día siguiente.

Entré a la estación de servicio de Tres Cerros a las 11:30pm. Pedí un café y me senté un rato a calentarme y ver un poco de televisión y drama de la vida real. Al parecer un pasajero se había quedado dormido en un bus y había perdido su trasbordo. El problema mayor era que el trasbordo lo tenía que haber hecho 180km atrás. Parecía que le estaba tratando de echar la culpa a la terramoza pero en el fondo sabía que no tenía derecho de enojarse con nadie salvo él mismo. Le dijeron que espere en el bus y regresó refunfuñando. Toda la gente que estaba de turno en el servicentro se empezó a cagar de risa. El chofer del bus llamó a otra unidad que estaba de subida para que lo pase buscando y resuelto el problema seguí con mi travesía. Me convencí que a esas alturas ya no valía la pena armar la carpa para dormir. Mejor continuar directo hasta Puerto Madryn y llegar en la mañana o al mediodía y así poder saludar a mi mamá por su día antes de colapsar sobre la cama de hostel.

Cerca de Caleta Olivia ya estaba empezando a sentir los efectos de la fatiga. Sentía los párpados ligeramente caídos y pensaba que estaba viendo cosas. A la derecha, sobre la cima de una colina veía lo que parecía ser un observatorio iluminado de rojo. Me pareció que iluminar la fachada de un observatorio, sobre todo con luz roja, era contraproducente si el objetivo era ver estrellas. Un par de vistazos más y me di cuenta que no era un edificio, sino una hermosa luna menguante justo encima de la superficie del agua creando un reflejo cobrizo que se extendía hasta la orilla. Viajar de noche también tiene sus recompensas.

Más adelante aún. Pasando Comodoro Rivadavia ya parecía que estaba perdiendo la cordura. No habían camiones ni autos transitando por la vía y mi luz sobre la carretera hacía que viera las cosas de manera distinta. Imaginaba que estaba conduciendo por la carretera de una nube y lo que tenía encima no era el cielo con estrellas, era el mar con miles de luces de barcos. Cuando levantaba la cabeza en realidad no estaba mirando hacia arriba, hacia el cielo. Estaba mirando desde el cielo abajo hacia el mar. Luego quise experimentar lo que se sentiría manejar totalmente envuelto por el manto de la oscuridad. Apagué todas mis luces y Tierra desapareció por completo. Era como navegar a través del espacio exterior encima de una moto. La sensación de asombro podría ser comparada solamente con la de un recién nacido viendo el mundo por primera vez. Ahora, obviamente el jueguito de apagar mis luces no duraba más de unos segundos a la vez. No iba a matarme por una simulación espacial, pero sí lo hice por lo menos tres veces más.

Los ojos se me cerraban y en una ocasión cuando los volví a abrir estaba en el carril contrario. Me empecé a gritar a mi mismo. Los gritos potenciados por estar dentro del casco. Lo que siguió fue una dura resondrada de mi parte seguido de la conversación más extraña que haya sostenido en mi vida. Estaba entablando una conversación en voz alta conmigo mismo. No recuerdo de qué estaba hablando pero sí recuerdo que era como haber tomado demasiadas tazas de café. Estaba hablando rapidísimo y sin parar durante una hora y media (No. No tomé anfetaminas). Poco antes del amanecer ya me estaba costando demasiado mantenerme despierto así que paré detrás de una señal de tránsito a descansar unos 15 minutos. Había considerado echarme al piso junto a la moto para dormir pero no quería que los vehículos que pasaran estén deteniéndose constantemente para asegurarse que no estaba muerto. Además, el suelo estaba helado. Me senté sobre la moto, con las luces intermitentes prendidas y dormí por unos 10 ó 15 minutos hasta que los ruidos de los camiones me despertaron justo a tiempo para ver esto:

Hasta que salga el sol.

Me paré al lado de la moto, inmóvil, absorbiendo cada partícula solar que podía recolectar. Poco a poco me iba retornando el calor que tanto necesitaba.

Nuevamente intentado hacer fotosíntesis.

En la siguiente estación de servicio, mientras tomaba desayuno, me encontré con otros dos motociclistas de Caleta Olivia que habían estado en Camarones para un encuentro de moteros. Nos sentamos a hablar un rato y a comparar motos.

Los muchachos de Chopper Raiders. ¡Hasta con su propia bandera!

Los últimos 150km estaba en piloto automático. Mi cuerpo solo seguía las líneas de la pista en esperanza que lo lleven hasta Puerto Madryn. No volteaba a ver nada. Solo miraba hacia adelante. De todas maneras no había nada que ver. El paisaje patagónico por fin me había aburrido hasta no poder más. Dame una montaña, dame curvitas para inclinarme, dame lluvia, dame nieve. Cualquier cosa menos esto. Mis súplicas fueron respondidas cuando entré a Puerto Madryn, una ciudad más grande de lo que esperaba y llena de hermosas playas y vida marina (para lo cual no era temporada así que me abstuve de tomar tours). Eran las 2pm del día siguiente. Había completado 24 horas montando. Mi mamá (al igual que muchas otras madres) siempre me dijo que no deje para mañana lo que podía hacer hoy. Me parece que llevé esa frase demasiado lejos.

El día siguiente en Madryn aproveché para mandar a lavar a La Inmortal que estaba hecha un asco. Antes de eso, me fui por las playas a tratar de ver algún lobo marino, pingüino o ballena. Solo llegué a ver un barco hundido pero me divertí tratando de pasar por las dunas.

Barco a la vista. No será todoterreno pero sí es muchoterreno  Contemplando el mar nuevamente. ¿Tesoros? Como dije: no es todoterreno Se nota que no aprendí nada de la experiencia en Paracas. Se ve peor de lo que realmente fue. Dunas formándose.

Cuando estaba de regreso al hostel me crucé con otro grupo de motociclistas de Puerto Madryn. Se reunían todos los días a la hora del descanso en algún punto frente al mar para conversar y tomar mate. Estuve casi una hora hablando con ellos. Yo convenciéndolos que vayan a visitar el Perú y ellos enseñándome sus máquinas y algunos consejos más para los viajes. Nunca está de más recibir consejos.

Moteros del Golfo - Puerto Madryn

Chicos de “Moteros del Golfo”, espero verlos en el Perú alguna vez.

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luis tenorio

Luis es un ingeniero en eterna búsqueda de aventura. Actualmente se pasa la vida viajando por el mundo y escribiendo relatos y código fuente. Es el creador de Cartas del Mundo y Vuelta Sudamericana y el director informático de The Glutton's Digest.

4 thoughts on “Veinticuatro horas: Puerto Madryn”

  1. LO q te lleva seguir adelamte lo tenes adentro tuyo en tu corazon, tu espiritu , te voy a decir una frase q m dijieron en el peor momento de mi vida. EN TODA NOCHE OSCURA SIEMPRE HAY UNA TENUE ESTRELLA Q NOS ILUMINA, esa estrella esa luz la llevas en tu corazon es laq te guia, en ushuaia te conoci y vi en tu mirada, mucha valentia mucho espiritu segui adelamte loco yq numk se te apague esa luz el pelado copado o el pelado asador

  2. Hijo esta hazaña que no se vuelva a repetir por favor no pongas en riesgo tu vida.Dios te esta dando la oportunidad que puedas compartir esta gran aventura y mostrar todos esos bellos lugares tienes que actuar con mucha prudencia.Acabo de regresar de ver a los hijos de mi amiga Dana con un gran dolor de haber perdido a su hermano tan joven de solo 24 años, no quiero ni imaginar en que estado se encuentran los padres.Se cauto, sigo confiando en ti.

  3. gina tu hijo volverà sano y salvo hasta ti, los motoqueros solo sabemos disfrutar de la moto, no corremos para no estar con los nuestros, yo me arriesgo junto a mi amigo Germàn a realizar la ruta 40. tengo 55 años soy madre de tres varones de 30,25 y 24 y de un nieto de 5 años, y ellos estan feliz que yo haga lo que siempre me gusto. LA MOTO. Soy de Rosario, Pcia de Santa Fe Argentina, encontre ayer la pàgina de tu hijo y me encanto. en Enero y Febrero harè el mismo viaje desde Mendoza. Besos Cachi

  4. Hola Luis, que bueno hayas llegado bien a Madryn despues de la loca aventura de viajar sin dormir 24 hs, espero no lo vuelvas a hacer ya que el cuerpo te acusara factura al dia siguiente .. sigui con esta aventura hermosa en la que te has embarcado ya que sos la envidia sana de todos los moteros .. un abrazo NM

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