Viejos amigos, nuevos amigos: Mendoza y el inicio de la Ruta 40

Algunos años atrás, debido a una serie de eventos desafortunados, terminé viajando sólo por Sudamérica. Lo interesante de esa situación es que nunca estuve sólo completamente. Siempre terminé amistándome de alguna otra persona que seguía parte de mi ruta y viajábamos juntos. Apenas tenía que despedirme de mi nuevo amigo u amiga, conocía a alguien más con quien podía viajar. No lo hacía por necesidad de estar acompañado. Simplemente las circunstancias se daban en las que dos o más personas compartían cierta ruta y se llevaban los suficientemente bien para seguir adelante en grupo. Pensé que simplemente tuve suerte en aquel viaje pero el destino me mandaría a más personas con quienes compartir mis travesías.

Llegué con sol a Mendoza y fui directo a la casa de uno de mis mejores amigos, “Piojón” Rossi (Solo para aclarar su buen nombre, el nombre Piojón no tiene nada que ver con piojos. Solo fue una malentendido que perduró a través de los años). Su hermano, a quien había conocido en Perú, me abrió la puerta y en seguida se presenció uno de los saludos más incómodos de la historia. Dejé la moto en la vereda y entré al pasillo del edificio para saludarlo con un abrazo. El abrazo que recibí de vuelta me demostró que mi cara no había terminado de procesar en su cerebro y que no tenía idea quién era. Era un tipo X que había llegado en una moto cargada y que ahora lo estaba saludando como alguien que conocía de hace años. Una vez que me reconoció me dejó pasar con mis cosas. La moto quedó afuera durante la tarde pero en la noche me convencieron para meterla al pasillo ya que según ellos, al día siguiente no encontraría mi moto afuera, solo encontraría el candado roto en el piso. El corredor donde guardé la moto estaba tres escalones sobre el nivel de la vereda. Fue todo un espectáculo tratar de montar los tres escalones pero entre fuerza de motor y fuerza bruta, la logramos subir y meter al edificio.

Pasamos la tarde hablando sobre lo mucho que me faltaba llegar a Ushuaia y los vientos y frío que me esperaban más al sur. Además de eso, me enteré que la ruta al sur está llena de caminos de trocha en donde no pasarían vehículos para auxiliarme. Me compré un mapa de rutas nacionales y solamente confirmó lo que me habían dicho. Me vi obligado a replantear mi ruta por el sur ya que la Carretera Austral en Chile que yo pensé que estaba 100% asfaltada aparecía como un camino confirmado en el mapa actualizado que tenía en mis manos. Le escribí a mi amigo en Puerto Montt avisándole que ya no estaría entrando de vuelta a Chile. En otra oportunidad volvería para hacer toda la parte de los lagos del sur de Chile. Hacerlo en esta ocasión sería poco prudente.

El día siguiente fui a buscar a Emily para salir a recorrer la ciudad. Era la segunda vez que estaba en Mendoza pero dado que las actividades realizadas en mi estadía anterior eran mayormente consumo de alcohol, no llegué a conocer muchos lugares. Bueno, sí llegué a hacer el tour del vino, pero eso esencialmente también era consumo de alcohol. Esta vez fuimos a caminar por las plazas y centro de la ciudad cada uno en busca de algo específico. Yo tenía que encontrar un local para desbloquear mi celular para usar mi chip argentino y ella tenía que buscar sandalias nuevas. Hacia el final del día llegamos a nuestros cometidos pero yo tuve que esperar dos horas adicionales porque, según el flaco de la tienda, la policía estaba haciendo una redada por la zona buscando a los puestos que desbloqueaban celulares por ser un acto ilegal. Todo me sonaba a excusas tontas pero ellos tenían el celular en otra parte así que no me quedó otra que esperar.

 Esta es la única foto que tengo de algo cultural en Mendoza.

Dejarla por última vez en su hostal fue un tanto triste. Era mi compañera de viaje y habíamos conocido muchos lugares juntos y pasado buenos momentos. Ahora ella seguiría su rumbo hacia Buenos Aires y luego Sudáfrica mientras yo avanzaría poco a poco hacia el fin del mundo. La idea que no conocería a nadie en mi siguiente destino me daba una sensación de pesadez pero al final de cuentas eso era lo que tenía que pasar. El viaje lo estaba haciendo sólo y encontrar a alguien que me acompañara durante tanto tiempo fue un golpe de suerte. La suerte estaba a punto de golpear otra vez.

En la noche salí con Piojón a seguir tomando fernets. En esta ocasión pude avanzar del Fernet Menta al Fernet Clásico que tiene un sabor más fuerte. Es como dicen, un gusto adquirido. Bajando por la Av. Arístides, donde suele comenzar la noche en Mendoza nos encontramos con Fernando, el motociclista con el que Marco (a quien conocí en Iquique) me puso en contacto. Habíamos estado escribiéndonos para acordar un punto de encuentro para ver si podíamos hacer parte del viaje hacia Ushuaia juntos. Nos sentamos con un grupo de americanos y canadienses que también estaban viajando en moto a hablar sobre las aventuras y percances que uno sufre en este tipo de viajes. La noche siguió su rumbo hacia otra parte y se convirtió en recuerdos borrosos, efectos indudables del fernet. A pesar de todo esto logramos acordar para salir al día siguiente rumbo al sur bajando por la Ruta 40.

Con Piojon, Juan y el fernet

Este fue el intercambio que hice. Cambié a mi compañera de viajes y paseos de ciudad y que ocasionalmente me reservaba habitaciones en hostales por un motociclista con el cual nos podríamos ayudar mutuamente en caso de cualquier inconveniente repentino. No fue un mal cambio pero es triste despedirse de las personas con las que uno ha compartido tanto. Salí lo más temprano que me permitió la salida de la noche anterior y me despedí de mis viejos amigos. Piojón me abrió la puerta, me deseó buenas aventuras y regresó a seguir durmiendo. Luego me despedí de Emily. Yo le deseé suerte con el bronceado natural que estaba tratando de conseguir y ella me sugirió comer comidas saludables y no manejar dormido. Ahora me tocaba saludar a un nuevo amigo y emprender una nueva etapa del viaje.

¡Chau, Emily!

Embarcando por la Ruta 40 te das cuenta rápidamente que es una vía muy entretenida y sobre todo: pintoresca. Atrás quedaban los viñedos y se asomaban curvas entre cerros pronunciados, piedras, arbustos y árboles. No pasó mucho antes que llegáramos a San Rafael, punto de abastecimiento de combustible y alimentos. Paramos en uno de los pocos lugares que atendían para comprar una pizza y una docena de empanadas. Todavía no logro entender cómo subsisten los negocios en áreas rurales si hasta los restaurantes cierran durante la hora del almuerzo. Es impensable. La oferta fue más de lo que podíamos consumir en una pasada. Tuvimos que regalar dos pedazos de pizza y la media docena de empanadas que sobraron las amarramos a la parte posterior de la moto de Fernando para comerlas en la noche.

 Cielos nublados saliendo de Mendoza Carreteras bordeadas de árbolesCordillera a la distancia. Siempre presente.

Alrededor de las 5pm llegamos a Malargüe. Un pueblo pequeño pero lindo donde nos atendieron de primera. Al llegar, paramos en un puesto de información turística donde un grupo de escolares empezaron a acercarse tímidamente de a pocos. Les tomaban fotos a las motos y me preguntaron de dónde veníamos y hacia dónde íbamos. Las típicas preguntas que solemos recibir. Cuando el resto del grupo se animó a escuchar algunos relatos de largas travesías ya tenía a más de 20 adolescentes en un semicírculo frente a mí tomando fotos y haciendo más preguntas. Me interrumpió un bus que llegó para llevarlos a algún paseo. Se despidieron y nosotros fuimos en busca de un lugar donde pasar la noche. Terminamos en el Hostel City, donde nos permitieron meter las motos al lobby. El hostal era cómodo y la señorita que nos atendió se pasó de amable. Después de un par de cervezas en el único bar del pueblo (pero que no tenía nada que envidiarle a buenos bares de ciudad) regresamos a descansar ya que el camino que faltaba para llegar hasta Bariloche requeriría de un gran esfuerzo físico y mental.

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luis tenorio

Luis es un ingeniero en eterna búsqueda de aventura. Actualmente se pasa la vida viajando por el mundo y escribiendo relatos y código fuente. Es el creador de Cartas del Mundo y Vuelta Sudamericana y el director informático de The Glutton's Digest.

2 thoughts on “Viejos amigos, nuevos amigos: Mendoza y el inicio de la Ruta 40”

  1. Luis, duerme un poco mas, se te ve un poco terrible en la foto!

    Besos,
    G.

  2. Mija … Eventos desafortunados? … excelente … jajajaja! Me imagino la roda de chamitos viendo tu moto ….. me imagino la sensación que debiste de tener! jajajaja … y con el fernet? … Esta vez no tuviste el zapato de un amigo para vomitarle un pedazo de chorizo …. !!!!

    Suerte!!!

    Besos,

    adl

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