El Llamado de la Selva: Pozuzo parte 1

“Jajaja, estás loco. Mi negra ya no aguanta un viaje como ese. Yo tampoco estoy en condiciones físicas como para hacer un viaje tan largo. Mi moto ni siquiera va a poder pasar esos caminos de barro. Además, hay muchas advertencias de huaicos y lluvias a lo largo de toda la carretera. Todo eso y ni mencionar el bloqueo de los mineros en La Oroya.”

“Dale Lucho, va a estar buenísimo”.

Repetía las respuestas que le di a Andrés en mi cabeza una y otra vez mientras regresaba a mi casa. Durante una hora insistió intermitentemente para que lo acompañara junto a un grupo de amigos en un viaje que había organizado a Pozuzo pero le di mil y un razones por las cuales sería una mala idea que yo fuera. Cada una de esas razones iba perdiendo importancia frente al prospecto de una magnífica aventura mientras más me acercaba a mi hogar. Apenas llegué lo primero que hice fue llamarlo. “Me animé. Nos vemos en el punto de encuentro a las 4am”. Tenía solamente seis horas para prepararme antes de la salida.

Les planteo el escenario. Mis planes originales para Semana Santa eran irme a Trujillo con el Team Renegade. Al final hubo una falta de liderazgo en las coordinaciones y llegada la hora de la verdad no logramos ponernos de acuerdo. Las alternativas que tenía no eran tan interesantes como una travesía en moto y ya me estaba resignando a quedarme en Lima durante el feriado. Trabajando. La noche del miércoles ya tenía planeada una reunión con mi gran amigo, Andrés (“El Pichi” para los amigos), y ahí mismo, al enterarse del frustrado intento de fugarme a Trujillo, me propuso la idea de ir con ellos a Pozuzo.

“Dale, vamos. Puedes ir en la camione… uy no, ya estamos completos ahí. Pero también está yendo otro carr… ah no, si vas ahí van a ir súper incómodos. Ahí está. ¡Nos sigues en tu moto!”

Como algunos de Uds. sabrán, mi prueba de fuego antes de irme de gira por el continente fue ir a Oxapampa. Llegar hasta allá fue una travesía que partimos en dos días. Esta vez el viaje propuesto era una prueba de resistencia física y mental. El plan era salir a las 4am de Lima y llegar a Pozuzo a las 5pm del mismo día. Les aseguro que yo no era el único que pensaba que era una locura. Era tortura solamente pensar en hacer todo el tramo de una sola pero ya habiendo hecho el recorrido antes, yo sabía que llegando a Oxapampa todos estarían demasiado cansados para continuar y terminaríamos pasando la noche ahí mismo.

¿Montañas, selva y caminos de tierra en un solo día? Claro, facilito.

Metí un poco de ropa en mi mochila, cogí mi medidor de presión y luego me fui a la casa de mis padres a buscar mis herramientas y mi casaca y pantalón de frío, esenciales para pasar por Ticlio sin perder mis extremidades. 12am. Necesitaba conciliar sueño urgente para poder estar alerta en el camino. Me eché a dormir pero lo mejor que pude conseguir fue media hora de sueño interrumpido por dos mosquitos que no dejaban de susurrarme en el oído. Logré matar a uno pero eso solo consiguió enfadar a su compañero y hacer que haga el doble de ruido. 4am. Eventualmente llegó la hora de partida y después de prepararme un café cargado fui a llenar el tanque y darle el encuentro a los demás.

En el grifo donde acordamos encontrarnos habían más camionetas de las que esperaba ver. Dentro de las demás veía algunos rostros conocidos, incluyendo a un perro sucio en particular que recuerdo con mucho afecto. Eran parte de otras caravanas que se iban a Oxapampa. Entre saludos y abrazos recibí los infaltables comentarios como, “¿Vas a ir en moto? ¡Qué chévere / Estás loco!” Si tuviera una moneda por cada vez que me han dicho algo semejante… estaría haciendo viajes igual de locos pero con más frecuencia y en una moto más grande. La persona que se mostró más preocupada por mi bienestar era un policía que ojeaba mi moto y me preguntó si tenía guantes, chompa, y rodilleras porque mi iba a re-cagar de frío en la sierra. Insistió que debería comprarme un par de rodilleras no solo por cualquier accidente que pudiese tener sino también por los vientos helados que caen directamente sobre las rodillas. “Cuando tengas edad va a ser lo primero que vas a extrañar”.

Andrea asegurando un foto con La Inmortal antes que se haga leña.

Después de despedirme del oficial y asegurarle que iba a tener mucho cuidado conocí a los demás miembros del grupo con quienes pasaría los siguientes cuatro días. Debido a la improbable coincidencia de nombres en común vamos a recurrir a otra convención para identificar a los involucrados. No es mi culpa que la mitad del grupo se llame igual. En la foto tenemos primero al equipo Honda CRV (alias “El carro de la mamá de Andrea Jimenez”): Andrés, Mafe, Rodrigo y Andreají; seguido del equipo Toyota FJ (alias “Chancho”): Andrealé, Yvette, Pichi, Luis (su narrador motorizado), y Carlos.

¡Equipo Pozuzo!

Sino habría sido: Andrés, Mafe, Rodrigo, Andrea, Andrea, Yvette, Andrés, Luis, y Carlos.

La salida de Lima fue tranquila. Esta vez no hubo tripas de perro para salpicarme encima ni camiones para obstruir el tránsito. Parecía que íbamos a la vanguardia del éxodo masivo de vacacionantes limeños. A pesar de la falta de sueño, estaba energizado por el prospecto de un viaje nuevo. Hicimos algunas paradas técnicas en el camino para tomar un café y estirar las piernas un poco. Todos me preguntaban qué tal iba y les respondía que hasta el momento cero inconvenientes. La verdad era que quería echarme a dormir por lo menos media hora. Nuestra primera meta era ver el amanecer desde Ticlio pero no llegamos a tiempo. En cambio, el amanecer que terminó por agarrarnos en la zona de Infiernillos fue tenebrosamente espectacular. En medio de una leve neblina, los riscos de piedra que bordeaban la carretera iban apareciendo desde la oscuridad y empequeñecían a los conductores. No sé si los que iban en carro pudieron apreciar lo que los rodeaba en ese momento pero mirar hacia arriba era como presenciar a un monstruo gigante salido de un libro de Lovecraft que se estaba despertando. Muy similar a lo que viví cuando estuve en frente a los Cuernos del Paine en la Patagonia chilena. Éramos como hormigas desfilando silenciosamente a sus pies.

Mientras íbamos subiendo, la temperatura comenzaba a descender. Yo ya había sacado varios minutos de ventaja debido a que los demás autos avanzaban con suma precaución por la carretera mojada y a mí se me hacía más fácil adelantar. Estaba lloviznando. Me hice a un costado y cambié de guantes y me puse el pantalón de nieve encima. Cómo extrañaba mi ropa de moto para viajes. Los guantes gruesos que tenía no eran tan impermeables como me hubiera gustado y mientras más avanzaba por la lluvia, más se mojaban los guantes y a 3°C eso no se siente nada bien. Pasando Casapalca, los 3°C pasaron a ser 2°C y luego 0°C. Las pequeñas gotas de agua se convertían en copos de nieve y cuando finalmente llegué a Ticlio, donde todo el mundo se había bajado a tomar fotos, el paisaje entero estaba cubierto de nieve. Era hermoso. Nunca lo había visto así y tuvimos mucha suerte que encontráramos el camino en esas condiciones. La nieve estaba ayudando a aislar mi ropa así que era muy preferible a estar en la lluvia helada. El único problema era que el visor del casco lo tenía que tener abierto. Justo la semana anterior me había comprado un casco LS2 nuevo (me habían robado mi casco AGV) que mantenía mi cabeza bien calentita ya que entraba muy poco aire por debajo de la mandíbula. El sistema de ventilación es muy bueno siempre y cuando estés viajando a más de 50kph. De lo contrario el flujo de aire que mantiene el visor desempañado a bajas temperaturas no es suficientemente fuerte. Con la nieve que teníamos más las peligrosas condiciones de carretera solo me quedaba ir con el visor abierto y la cara congelada.

Felizmente tenía ese visor interno para que los ojos no se me llenen de hielo.

No estoy sonriendo, mi cara quedó congelada así mientras tiritaba de frío.

EvidenciaNevada en Ticlio.El Pichi y Andrealé a 4818 msnm.Carlos e Ivette posando para la foto de rigor.

Carlos me dijo que con un poco de saliva podía evitar que se empaña tanto el visor. Yo ya sabía que usando jabón o una ligera capa de crema de afeitar podía conseguir el mismo efecto pero dado que no los tenía al alcance escupí sobre mi visor y empecé a esparcir la saliva cuando de repente presioné demasiado fuerte tratando de llegar a las esquinas y uno de los seguros salió volando. ¡Maldita sea! Encontré el seguro y lo volví a colocar pero cada vez que trataba de abrir el visor, el seguro se salía. Lo había quebrado. A todo esto, los demás miembros de la caravana ya habían salido confiando en que estaba justo detrás de ellos. Ok, ok. Mientras no abra el visor el seguro va a quedar en su lugar. Por lo menos ahora ya no se me va a empañar. ¡Nop! Ni con eso tuve suerte. La bajada hasta La Oroya la tuve que hacer haciendo mi mejor esfuerzo para esquivar figuras que parecieran carros, personas, perros, camiones y rompemuelles. Los peores eran los rompemuelles pues aparecían repentinamente en la pista y era imposible frenar. En uno de ellos llegué deslizándome casi de costado por el asfalto resbaladizo. Apuesto a que el auto de atrás tenía su cámara o celular grabando, inconscientemente deseando capturar un accidente para subir a YouTube. No les di el gusto.

Finalmente salí de la zona nevada a una carretera seca y les di el alcance a los demás en el tráfico que se había acumulado en La Oroya. Volteando por el desvío hacia Tarma noté que la moto estaba perdiendo fuerza y no era por la altura. La sentía pesada, como si tuviera las llantas bajas. Pasando el peaje me hice a un costado y me di cuenta que la cadena se había estirado.

“Loco, tengo que ajustar la cadena. Estoy perdiendo fuerza”, le dije al Pichi, cuando se acercó donde estaba.

“Tenemos que seguir. En el próximo grifo paramos y la ajustamos”, me respondió.

“No hay ningún grifo hasta Tarma. No voy a llegar hasta allá así”.

“Dale Lucho, sigue un poco más. Más adelante lo cambiamos”.

“Mira, si no encontramos un grifo hasta el desvío grande a Tarma, paramos ahí mismo”.

90kph… 80kph… 70kph… A la hora que entramos al desvío hacia Tarma, ya no podía ir a más de 60kph. Le hacía luces y le tocaba el claxon al Pichi pero veía cómo se alejaba, sin hacer señales que iba a parar, incumpliendo con nuestro trato. Lo voy a matar. Lo voy a matar. Ya sabía que esto iba a pasar. Sabía que no iba a parar en la entrada del desvío. Me dieron flashbacks de un viaje pasado (otra historia). Ya me había propuesto parar en el control policial en el punto más alto de carretera. Sabía que ahí tendría espacio suficiente para ajustar la cadena y luego darme la vuelta. También había escuchado unos ruidos raros saliendo del tubo de escape que no me daban ninguna confianza como para seguir hasta la selva. Si hasta acá llegué así, capaz lo mejor sería regresar en una sola pieza a Lima. Cuando llegué al control vi que el “Chancho” se había estacionado a un lado de la carretera a esperarme. Me estacioné frente a la casa de un pastor de ovejas y se acercaron el Pichi y Carlos.

“Te vi lentísimo. ¿Qué pasó?” preguntó el Pichi.

“La cadena. Está demasiado floja y además estoy escuchando sonidos raros saliendo del tubo de escape. No me gusta nada.”

“Tranquilos muchachos que en menos de cinco minutos salimos de acá”, dijo Carlos después de echarle un ojo a la moto. Esa fue una de las ventajas de traer a un bombero/mecánico al viaje.

Para referencia, estaban alrededor de S/. 220 cada una.

Contando ovejitas.

Saqué mis herramientas y con su ayuda ajustamos la cadena y la empaquetadura del tubo de escape mientras el Pichi se ponía a hablar con el pastor para preguntarle cuántas ovejas tenía y a cuánto vendía cada una. Después de un par de vueltas para comprobar que la cadena estaba bien nos fuimos de ahí viendo que el Pichi ya estaba analizando dónde subir una oveja a la camioneta para ponerla al fuego cuando llegáramos a Pozuzo. El descenso a Tarma fue una delicia. Habían vuelto a asfaltar todo el camino desde la cumbre hasta la ciudad y tomar esas curvas hasta el centro fue un verdadero placer. La potencia había regresado a la moto y cualquier deseo que tenía de regresar a Lima se desvanecía mientras más nos aproximábamos a Tarma. Devuelto el poder a la nave, devuelto el poder al piloto.

Hicimos una breve pausa en Tarma para comprar un poco de su famoso manjar blanco y un poco más importante, para estirar las piernas. Necesitaba una inyección de azúcar en mi sistema y la cucharada de manjar blanco que me invitó Andrealé le quitó unos cuantos kilómetros a mi fatigómetro. Salimos de Tarma y poco después ya era hora de quitarse algunas capas de ropa. Nos hicimos a un lado de la carretera para atender un pequeño llamado de la naturaleza y para esperar a la CRV que se había quedado unos minutos atrás. Todavía estábamos en zona de sierra pero solamente un poco más adelante el paisaje ya era completamente diferente. Desde la primera vez que lo vi me pareció increíble el cambio drástico que hay al cruzar uno de los túneles camino a San Ramón. De un lado se tiene cerros cubiertos de pequeños arbustos y vegetación andina mientras que al otro lado se siente claramente un aumento en humedad y el inicio de vegetación más densa. Es como atravesar un portal a otro mundo.

El Chancho y La NegraDSC09781

En un dos por tres, pasamos de eso a esto:

Selvaaaa!!Imagen es relevante.

Hablando de otros mundos, tuvimos nuestra primera dosis de selva al parar en un pequeño mercado junto a la carretera. Todas las grandes aventuras involucran de alguna manera a un mercado sobre la carretera. Paramos junto a un puente a comprar frutas y tras una breve inspección de la tienda el Pichi vio la necesidad de brindar por el viaje con nada menos que un brebaje local, entre los cuales se encontraban joyas como éstas:

¿Quién se atreve?Aquí es donde nacen las pesadillas.Un pequeña muestra del arsenal alcohólico de la tienda.Rodrigo demostrando a Carlos que si huele rico, sabe rico.

La gente hizo su selección y nuestro estimado bartender sirvió ocho shots. Yo me abstuve porque incinerar mis tripas no es una de mis actividades preferidas y más bien me senté junto a una vendedora de papayas que se estaba preparando para presenciar un espectáculo de primera. Los shots incluían diversos aguardientes entre los cuales había por lo menos un para-para. Estoy convencido que lo escogieron por sus cualidades de vigorizante sexual, pero para los que no lo saben, el para-para es un macerado de cortezas de motelo sanango, chuchuasha, fierro caspi, chicosa, aguardiente, miel de abeja, y pene de achuni (también conocido como coatí).

"Fui castrado para compensar tu disfunción eréctil"

“…eso quiere decir: ¡salud, compadre!”

No sabían que se estaban metiendo con el poderoso (y adorable) coatí.

“3… 2… 1…”. Los ocho se secaron sus shots (o por lo menos eso intentaron) mientras la señora de las papayas se reía y me decía, “así no toman esos tragos. Se tiene que tomar poco y lento”. Si alguna vez tomaron un pésima decisión que lamentaron inmediatamente después su reacción debe haber sido algo así:

"¡Hacele pues, hoooombe!"

“¡Maldito Para-Para! Ni siquiera se me paró.”

Mi cara dice "no pasa nada", pero si miran a mis ojos pueden ver a mi alma estallar en llamas.¡Y solo fue un sorbo!

Con las caras retorcidas volvimos a los carros con rumbo a San Ramón. Recién era la 1pm.

 

 

* Fotos del viaje cortesía de Yvette y Andrealé. Coatí gracias a TheGirlsNY.

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luis tenorio

Luis es un ingeniero en eterna búsqueda de aventura. Actualmente se pasa la vida viajando por el mundo y escribiendo relatos y código fuente. Es el creador de Cartas del Mundo y Vuelta Sudamericana y el director informático de The Glutton's Digest.

9 thoughts on “El Llamado de la Selva: Pozuzo parte 1”

  1. Que excelente relato! Igual que todos los de tu blog! No tenía idea que el para para tenía esa vaina! Jajajajaja …. Espero la siguiente parte! Eres un duro pana … love you all!

  2. hola lucho como estas? no sabes cómo me e reído que buen viaje y que increíble tu relato fue un viaje inolvidable la pasamos muy chévere pero la historia cuando va a continuar 🙂 un beso

  3. Hola.Me podrias decir cuales son las caracteristicas de tu moto para tener una idea de que seria lo necesario para poder hacer viajes largos en moto??

    1. Mi moto es una chopper de 200cc, pero en realidad un viaje como este hasta lo podrías hacer en una scooter (si eres recontra aventurero, obviamente).

  4. Bueno yo recien me sumerjo en el mundo de las motos, acabo de adquirir una moto de 150cc marca Ronco, me dijeron que empieze aprendiendo con una asi( xq la iba a malograr xD). Bueno lo de aventurero siempre lo he tenido.Crees q con una moto asi seria suficiente para un viaje a Ica ? Gracias x responder.

    1. Claro que puedes llegar a Ica con una moto así. Y más lejos todavía, pero si recién estás aprendiendo a andar en moto, te recomiendo que aprendas a dominarla bien antes de salir a la carretera. Hay que tener mucho cuidado.

  5. Tienes toda la razon, solo que tenia una duda pues por algun lugar lei que las motos motos de pista(sport) no cuentan con un sistema de enfriamiento de motor que las chopper tienen para los viajes largos.Ademas estoy buscando informacion ya que mi primo quiere comprarse una moto para viajes y tenemos como referencia las chopper pero aun no sabemos que marca ,aunque nos han ofrecido una UM.

  6. He entrado porque estava por ahi buscando como sacar mi brevete y me he leido toda esta historia, que interesante quisiera poder viajar asi en mi motoy recorrer este hermoso PERU.

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