Me rompiste el corazón

Era un buen día. Un día como pocos otros. El sol brillaba intensamente, los pájaros cantaban, y yo regresaba a mi casa alegremente. La música en mis audífonos me hacían entonar notas fuertemente. Algunas personas volteaban a mirar. Todo andaba de maravilla.

A la Inmortal ya le tocaba su mantenimiento. En verdad le tocaba su mantenimiento como 1000km atrás pero siempre había una excusa o alguna razón para no llevarla todavía al taller. Roldán (mi mecánico) ya me había advertido que era hora de cambiar los discos del embrague y hacer una revisión a profundidad del motor. Ya había recorrido muchísimo y se había esforzado como ninguna pero mi adorada nunca se quejó. Nunca me dio señales que quería que la revisaran. Que necesitaba que la revisaran. Es posible que ni ella misma se haya dado cuenta que estaba mal del corazón.

Crucé un semáforo en la Av. La Merced y ni bien avancé 100 metros escuché un crujido metálico.

“¡La cadena!” pensé mientras giraba mi cabeza tratando de ver el daño, pero no vi nada.

Ya parado a un lado de la avenida, me bajé a inspeccionar dónde se había quebrado una palanca, un eslabón, un piñón, o hasta una varilla del marco. No había ningún daño perceptible. Ni siquiera salía humo de ninguna parte. Encendí el motor. Encendió. Traté de enganchar en primera. No enganchaba. ¿Segunda? No enganchaba. Había destruido algún engranaje de la caja de cambios. Felizmente no se había trabado la transmisión. Básicamente estaba varado con una bicicleta de 150kg sin pedales.

Los siguientes 2km fueron todo un placer empujando la moto bajo el sol mientras el clac clac clac de las piezas internas sonaban tras cada vuelta del piñón. Mi única consolación eran las sombras de los árboles y una que otra ligera brisa que hacía el esfuerzo de quitarme el sudor de la frente.

La tarde siguiente Roldán fue para la casa a revisar el caso y hacerle el mantenimiento correspondiente. Le íbamos quitando pieza tras pieza a la Inmortal sin encontrar problema alguna. Salieron los asientos, el tanque de gasolina, los paneles laterales. Salieron las tapas del motor, el tubo de escape, el carburador. Salieron el piñón de transmisión, la cuchara de cambios, la bujía.

Salió el motor, el corazón.

Ya ni sé lo que estoy viendo.Cirugía exploratoria

Siguieron saliendo piezas. Balancines, rodamiento, pistón… todo. Terminamos desarmando TODO el motor para dar con la pieza quebrada.

Y aquí me encuentro yo. Sin moto. O más bien, con moto sin motor. Esperando que el cirujano me dé las buenas noticias. Esperando que mi negra salga de la sala de operaciones rugiendo como antes. Esperando a volver a andar.

La Inmortal disfrazada de zombie.

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luis tenorio

Luis es un ingeniero en eterna búsqueda de aventura. Actualmente se pasa la vida viajando por el mundo y escribiendo relatos y código fuente. Es el creador de Cartas del Mundo y Vuelta Sudamericana y el director informático de The Glutton's Digest.

2 thoughts on “Me rompiste el corazón”

  1. Hola Luis.-
    Que se rompió al final que pieza o engranajes.
    Alguna ves cambiaste cadena interna del motor??
    Sl2

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