Las nubes como esas me acompañaron todo el camino y fue muy refrescante. Así alternaba entre un sol caluroso y brisas frescas cuando lo ocultaban. Engrasé la cadena y revisé la presión de las llantas antes de salir. Revisé el nivel de aceite, que todas las luces funcionaran, y los frenos también. Me estaba asegurando que no tenga problemas por lo menos hasta Florianópolis. El destino del día era Capão da Canoa, un centro playero muy visitado por los residentes de Porto Alegre. Tenía ganas de volver a acampar en la playa, cosa que no hacía desde que salí de Lima.
Category: Vuelta Sudamericana
Inmersión Cultural: Km 96 de la BR-101 (Mostardas)
La mañana del 25 de mayo lo primero que hice fue sacar la cámara fotográfica del tazón de arroz. Volví a armar todas las partes y comprobé que la técnica del arroz había funcionado a la perfección (Mito Confirmado). La mala noticia de la mañana fue que la mitad de mi ropa seguía mojada. Me puse las prendas más secas y las demás las amarré a la moto para que se secaran en el camino. Con el sol y la brisa de ese día sería suficiente. El día pintaba bueno.
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Llueve sobre mojado: Rio Grande
Estaba sentado en la oficina de migraciones de Chuy en Uruguay mientras una fina llovizna caía sobre mi moto. El agente de aduanas me pedía los papeles de entrada del vehículo pero parece que a las 3am en Colonia (cuando entré a Uruguay), no había nadie haciendo ese control. En otras palabras el papel no lo tenía y trataba de explicarle esto al agente pero lo único que me repetía era que yo tenía que tener esos papeles para circular en el país. Luego de cinco minutos de yo insistirle a él que no había ningún control aduanero cuando entré y él insistirme a mí que tenía que tener esos documentos, finalmente terminó dejándome ir. Has tenido mucha suerte que no te haya parado la policía en ninguna parte.
Al otro lado del río: Uruguay
Llegué a Colonia a las 3am y apenas abrieron las compuertas salí sobre mi moto mojada. El primer hostel donde llegué estaba repleto a causa de las celebraciones del bicentenario. Me recomendaron otro que estaba muy cerca y felizmente encontré lugar. Me registré y muy calladito entré al cuarto y me metí a la cama.
Poco a poco me estoy sintiendo más cómodo dejando la moto afuera. En Buenos Aires la deje afuera un par de noches (encadenada, obviamente) y en Colonia hice lo mismo. Es cierto que también hay que juzgar un poco el lugar donde te estás quedando pero no me pongo paranoico si decido dejarla durmiendo a la intemperie. En la mañana salí a pasear por Colonia en la moto y recorrí el centro histórico en un dos por tres. Decidí salir un poco más lejos y me fui al Real de San Carlos a apreciar la parte de Colonia que no había llegado a conocer. Eso también fue una vuelta rápida. Regresando fui a comer a un restaurant a la vuelta del hostel y me pedí un chivito al plato, como para gozar de las cosas típicas. Es básicamente un infarto hecho comida. Chivito frito con papas fritas, huevo frito, jamón y queso. Los que me conocen bien se sorprenderán, pero ya no le saco el queso a las comidas. Ahora lo como con orgullo.
“I hope you had the time of your life”: Buenos Aires
Al fin en Buenos Aires. Al igual que Ushuaia, este era otro punto importante en mi viaje pero no por las mismas razones. Ushuaia era un hito por lo remoto y Buenos Aires lo era por lo familiar. De alguna forma, era como volver a casa: llegar a un lugar donde hay gente que quieres y a su vez, donde sabes que hay gente que te quiere.
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De la Patagonia a la Pampa: Río Colorado, Azul y el ingreso a Buenos Aires
Estaba a unos 1300km de Buenos Aires. No tenía idea dónde parar en el camino hacia allá. Luján, del grupo de Moteros del Golfo, me dijo que en Coronel Pringles había una pensión antigua pero muy pintoresca que frecuentemente albergaba a motociclistas que viajaban por la pampa. El problema es que no llegaría hasta allá el primer día de viaje. Me propuse parar en Río Colorado, la frontera geográfica entre la Pampa y la Patagonia.
Llegué hasta allá de noche ya que tuve el viento en contra casi todo el camino. Me puse a buscar un hospedaje pero eran todos hoteles y escapaban del presupuesto diario. Me terminé quedando en el camping municipal donde nuevamente fui la única persona quedándose a la intemperie. Los chicos de la estación de servicio me dijeron que me iba a morir de frío durante la noche pero comparado con las noches que pasé en Tierra del Fuego y Torres del Paine, estaba bien abrigado. Casi ni me molesto en abrir el sleeping.
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Veinticuatro horas: Puerto Madryn
¿Qué es exactamente lo que lleva a una persona a seguir adelante? ¿Acaso es la inercia? ¿Es un estado de zen en el que el tiempo transcurre de manera diferente? ¿Cómo es que muchas veces somos capaz de decir “basta”, mientras que otras veces soportamos lo que el destino nos arroja sin siquiera pestañear? Mil trescientos setenta y cinco kilómetros me separaban de mi eventual destino pero cuando encendí el motor esa tarde ni siquiera se me había ocurrido contemplar la idea de un viaje sin escalas. Esta es la historia de una hazaña en moto que duró 24 horas consecutivas.
Rugidos del glaciar: El Calafate y El Chaltén
Nuestro primer día en El Calafate, luego de confirmar que las motos anduvieran bien, fue ir a visitar el Glaciar Perito Moreno, una experiencia imperdible estando en esta región. El día estaba maravilla. Habían pocas nubes y una viento ligero. Habíamos dejado la mayor parte de nuestra ropa en la lavandería. Esa lavadita fue sumamente necesaria ya que estaba seguro que los ruidos que escuchaba en las noches era el lamento de mis calcetines. Como se sentía fresco, nos pusimos algo ligero debajo de la ropa de moto y salimos hacia el glaciar. A mitad de camino nos dimos cuenta que habíamos subestimado las diferencias climáticas que pueden existir dentro de una misma región. El viento estaba empujando el frío hacia adentro pero ya estábamos cerca así que decidimos continuar.
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La Caída: Torres del Paine y el lado feo de la Ruta 40
La noche después que reparamos las motos nos volvimos a encontrar con Sam. Nos dijo que ya había entrado al parque pero que el viento lo obligó a hacer el tramo de dos horas en tres y no alcanzó a ver las Torres en sí, solamente algunos témpanos en un lago. Nosotros tuvimos un poco más de suerte al día siguiente. La carretera seguía mojada pero el sol estaba brillando y nos levantaba el ánimo. Habían suficientes nubes como para que empezara a llover pero nunca llegaron a descargar.
Nuestra primera visita fue la Cueva del Milodón donde había, aunque no lo crean, una cueva inmensa con estalactitas y estalagmitas. Entoné algunas partes de “New York, New York” para probar la acústica que resultó espectacular. Más conciertos deberían tener como sede cuevas naturales. Serían un éxito. Salimos de ahí luego de ser brutalmente atacado por un milodón.
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Condiciones adversas: Puerto Natales
El primero de mayo salimos de Puerto Natales con rumbo hacia Cerro Castillo. Me habían hablado maravillas de ese pueblito y es una vía de acceso rápida para entrar a las Torres del Paine. Sam decidió quedarse para explorar Punta Arenas un poco más pero acordamos encontrarnos en el hostal Loreto Belén en Cerro Castillo.
El camino hacia Puerto Natales, punto de pasada en el viaje fue pesadísimo. Comenzó con vientos fuertes que me obligaron a ir a 80-85kph. La pequeña Inmortal no podía darle más con semejantes condiciones. Habíamos salido justo a tiempo porque en durante todo el camino había una masa de nubes grises que amenazaban con estropear nuestro viaje. Charlie y Fernando pudieron esquivar la primera etapa pero yo no tuve la misma suerte. Paré un momento para rellenar mi tanque y cuando había terminado el viento se llevó mi galonera. Traté de perseguirla pero se perdió entre los matorrales de un pastizal de ganado. No solo eso, la nube me había alcanzado y me estaba derramando encima la lluvia más pesada que había pasado hasta el momento. Cuando alcancé a mis amigos en un restaurant al lado de la carretera, estaba empapado. Ellos estaban completamente secos. Eso es lo que significa 7 minutos de separación.